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Estudios digital - Centro de Estudios Avanzados - UNC - Número 21 | Primavera 2008 | ISSN 1852-1568

ISSN 1852-1568

Revista Estudios DIGITAL Nº especial | Otoño 2010 | ISSN 1852-1568

REDES SOCIALES Y CAMPOS DE NEGOCIACIÓN EN UNA COLONIA PASTORIL INDÍGENA (EMILIO MITRE, LA PAMPA, PRINCIPIOS DEL SIGLO XX) 1

Claudia Salomón Tarquini 2
Universidad Nacional de La Pampa - Conicet mail

Resumen

Hacia principios del siglo XX, las poblaciones indígenas del territorio incorporado a jurisdicción argentina, de Pampa y Nordpatagonia, comenzaban –luego de un período de confinamiento y disolución de buena parte de las familias a obtener tierras para su radicación. En el Territorio Nacional de La Pampa, los ranqueles lograron la fundación de la Colonia Emilio Mitre (en el noroeste del Territorio), pero al tiempo que los agentes nacionales (autoridades policiales, educativas, funcionarios de la Dirección de Tierras y Colonias, entre otros) desplegaban sus propias estrategias para asegurar su integración subordinada a la sociedad nacional, los indígenas buscaron instalar escuelas y mejorar las condiciones de vida de sus paisanos, y aprovechar sus contactos con esta sociedad para mejorar sus posicionamientos, estableciendo redes de relaciones personales que aseguraran lealtades y favores recíprocos. En este trabajo realizamos un análisis de las interacciones entre estos actores, y la construcción de campos de negociación a través del tejido de redes sociales en la Colonia. En un primer apartado se realizan consideraciones teóricas y metodológicas, en el segundo apartado se repasan brevemente las condiciones de poblamiento de la colonia y los datos de algunos de los principales actores que aparecen en los documentos, mientras que el tercer y principal tramo del texto se dedica a examinar las características de las formas de construcción de relaciones sociales.

Palabras clave: pueblos indígenas – campos de negociación – redes sociales – ranquel - pampa

Abstract

Towards the beginning of the 20th century, the indigenous populations of La Pampa and Nordpatagonia territories now incorporated into Argentine jurisdiction, began – after a period of confinement and dissolution of the majority of the families to obtain lands for their settlement. In the National Territory of The Pampa, the ranqueles achieved the foundation of Colonia Emilio Mitre (in the Northwest of the Territory), but at the same time that national agents (police, educational authorities, officials of the Direction of Lands and Colonies, among others) had their own strategies to ensure their subordinated integration into national society, the natives sought to install schools and improve their own living conditions, and make use of their contacts with the settler society to improve their positions, establishing networks of personal relations that ensured allegiances and reciprocal favors. In this paper we analyze interactions between these actors, and the building of negotiation fields across the web of social networks at Emilio Mitre. In the first part, theoretical and methodological considerations are developed, a second part deals briefly with the conditions of the peopling of the colony and provides information about the main actors who appear in the documents, while the third and principal stretch of the text is devoted to examine the characteristics the construction of social relationships.

Key words: native peoples – middle ground – social networks – ranquel – pampas


1. Introducción
Los estudios sobre incorporación de la población indígena al estado-nación argentino a partir de fines del siglo XIX vienen constituyéndose en un fértil campo de investigación que permite, en forma simultánea y combinada, ampliar el conocimiento acerca de las complejas trayectorias de sus actores nativos y de las formas de construcción estatal en espacios marginales y en sociedades como las de los Territorios Nacionales 3. El énfasis creciente en las estrategias elaboradas por aquellos actores implicó pasar de una imagen que victimizaba a la población indígena y le restaba protagonismo en los procesos que los involucran e involucraron, a la elaboración de explicaciones en las que la agencia indígena adquiere un papel crucial.

Esta perspectiva implica el reconocimiento además de la complejidad de estas relaciones, y de la crítica a visiones monolíticas del poder que concebían al estado como productor de políticas homogéneas que se aplicaron unilateralmente sobre una población-objeto sin capacidad de contestación, y concebían además al estado como un bloque en el que se desconocía la capacidad de acción de –y las diferencias entre– distintos segmentos, en la implementación de dichas políticas (como los poderes nacionales, los gobernadores de territorios nacionales, la justicia de paz, la justicia letrada, las autoridades locales). Esto no implica negar las capacidades diferenciales de los distintos actores en la definición de políticas y sus resultados, ni negar las relaciones asimétricas, pero parte de considerar que en los márgenes de libertad disponibles, tanto actores indígenas como no indígenas recurrieron a un repertorio de acciones diversas, y en el marco de la construcción de nuevas redes sociales en estos espacios, se generaron campos de negociación que permitieran mejorar sus respectivos posicionamientos.

El concepto de campo de negociación (tal su traducción en la academia latinoamericana) fue presentado inicialmente por Richard White como “middle ground” 4 y luego retomado por Conklin & Graham (1995) para contextos diferentes, para referirse a la construcción de un mundo mutuamente comprensible en el que los distintos actores desarrollan nuevos sistemas de significado e intercambio (Mariotti, 2004: 260).

Por otra parte, encontramos particularmente fructífero el concepto de redes sociales para explicar la dinámica de las relaciones que permiten la construcción de estos campos. En Argentina, el potencial del microanálisis –y del modelo de redes en particular– para generar conocimientos sobre dinámicas sociales 5 permitió su utilización fundamentalmente en el estudio de sectores de elite y de procesos migratorios (nos referimos por ejemplo a los estudios de Zacarías Moutoukias, Beatriz Bragoni, Hernán Otero, María Bjerg, Dedier Marquiegui) o de una población en su conjunto, la de la campaña bonaerense (Mateo, 2001). En vinculación con nuestro temática, los antecedentes más relevantes en este sentido están constituidos por los análisis de Vezub para el contexto nordpatagónico de fines del siglo XIX (Vezub, 2005, 2006 y 2009).

Ubicado más allá de la discusión en torno a cómo hacer operativo este modelo con las fuentes con que contamos en nuestros archivos locales (Míguez, 1995;  Ramella 1995), se encuentra el problema de las transposiciones entre el concepto de red desde la antropología hacia los estudios históricos: el mismo Mitchell señalaba ya en 1969 que, a pesar de todas las posibles fuentes a utilizarse, la información más confiable para este modelo era la obtenida a través de la observación directa (Mitchell, 1969: 61) y sostenía que la percepción, registro y análisis de redes sociales se hacía a través de una interacción participante y no participante, así como del uso de cuestionarios y entrevistas (es decir, medios de observación directa, recomendada por el autor). En sociología –la otra vertiente importante en la construcción de los análisis de redes–, también es posible aplicar metodologías de recolección de datos de manera similar. Pero en el caso de estudios históricos, en cambio, a menos que se cuente con archivos de excepcional calidad, es necesario contrastar una importante cantidad de fuentes para reconstruir los itinerarios individuales. Ginzburg & Poni han señalado también esta dificultad, destacando que la clave para este tipo de reconstrucción se encuentra en los seguimientos nominativos (1979:3).

En nuestro caso, nos encontramos justamente con una fuente de excepcional calidad: se trata del cuaderno diario del maestro Manuel Lorenzo Jarrín, que vivió en Emilio Mitre entre 1913-1918. Los tres cuadernos que se han recuperado (correspondientes a su estadía entre 1914 y 1915) permiten relevar la frecuencia, intensidad y contenidos de los lazos existentes entre distintos pobladores de la colonia. Este excepcional documento es triangulado con testimonios orales tomados en la década de 1970, crónicas misioneras, informes de inspección de tierras, registros nominativos y otros documentos oficiales como el duplicado de la primera mensura de los lotes.

2. Acerca de la Colonia Emilio Mitre

La población indígena radicada en el Territorio Nacional de La Pampa hacia fines del siglo XIX comenzó gestiones para obtener tierras por lo general ante las autoridades nacionales, pues las territorianas eran reticentes a autorizar estas entregas: las observaciones de los gobernadores de territorio a sus superiores en casos de pedidos de tierras se reiteraban año tras año, y evidenciaban cuánto pesaba la opinión de pobladores más poderosos del territorio (comerciantes, propietarios de campos) en estas decisiones 6. En este contexto, determinados grupos –y nos referiremos en este trabajo en particular a los ranqueles de la zona de Emilio Mitre– optaron por hacer valer sus contactos con sacerdotes, militares y políticos, que habían labrado en los años de dispersión de las campañas militares, y lograron obtener algunas concesiones aisladas de tierras. Aunque esta instalación se regía ahora por las normas de la propiedad privada, los ranqueles buscaron reproducir condiciones de vida similares a las de décadas anteriores, y lo hicieron a través de una serie de estrategias tales como la de reclamar tierras en forma individual y usufructuarlas en forma colectiva, expulsar miembros de la familia hacia trabajos asalariados extraprediales y limitar el derecho de herencia a uno o dos hijos, entre otras modalidades de acceso y conservación de las tierras (Salomón Tarquini, 2009).

En estas estrategias indígenas, los agentes no-indígenas jugaron roles fundamentales: desde los misioneros franciscanos tratando de “atraerlos a la civilización” hasta el maestro español Manuel Jarrín 7, pasando por la vinculación con los inspectores de tierras y otros funcionarios estatales, los líderes indígenas buscaron instalar escuelas, oficinas de correos y telégrafos, y mejorar las condiciones de vida de sus paisanos, al tiempo que los agentes no-indígenas desplegaban sus propias estrategias de integración.

Repasemos brevemente las condiciones de poblamiento de la colonia y los datos de algunos de los principales actores que aparecen en los documentos.

En el marco de la ley n° 1501, en el año 1900 se entregaron las chacras de la Colonia Pastoril Emilio Mitre, para la gente de “la tribu de Ramón Cabral” 8 y “la tribu de Santos Morales” 9 como deja explicitado el expediente de mensura. La colonia Emilio Mitre, ubicada en los lotes 4, 17, 14, 15 y 17 de la fracción D, y 10, 11 y 20 de la fracción C, todos de la sección XVIII (actual departamento Chalileo), comprendía una superficie de 80.000 hectáreas distribuidas en 128 lotes de 625 has cada uno, que fueron entregados a 108 familias: 8 lotes quedaron reservados para establecer pueblos, tal como lo establecía el artículo 4 de la ley 1501, mientras que 12 lotes no fueron adjudicados, por no presentarse más interesados. Algunos de los pobladores más cercanos a Santos Morales y que aparecen más asiduamente en el diario de Jarrín fueron Nicanor Lima 10 y Zoilo Montiel 11.

Por otra parte, kilómetros más al sur, Luis Baigorrita 12 había obtenido en 1897 la entrega del lote 13, fracción D, sección XIV 13 (al suroeste del actual departamento de Utracán), del que pidió cambio de radicación, asentándose definitivamente, en 1898, en el lote 21, fracción C, sección XVIII 14. El Lote 21, como fue conocido por todos los pobladores de la zona, era contiguo al de Emilio Mitre. Allí vivían también según los progresivos informes de inspección de tierras y otras fuentes, Gregorio Yancamil 15 y José Fraga 16.

No hay hasta ahora demasiados datos sobre la historia de las escuelas en la zona de Emilio Mitre. Sabemos que la N° 58 fue fundada en la chacra N° 51 a partir de la donación de parte del terreno por Santos Morales, estimamos que sobre fines de la primera década del siglo XX, pues no aparece consignada en el Informe de Inspección de Tierras de 1908. En 1911, el Informe de Inspección de Tierras señalaba que éste había cedido 4 hectáreas y que el edificio (de 4 x 16 metros, con piso y cielorraso de madera, y techo y paredes de zinc) había sido construido por los comerciantes españoles Mujica & Covian, que le cobraban al estado nacional $100 por mes como alquiler 17. Probablemente fue cerrada hacia principios de la década de 1920 18:

3. De redes, contactos e intercambios: la construcción de campos de negociación
3.1. Cercanías y frecuencias de los contactos

Las redes sociales que se verifican en el diario de Jarrín guardan vinculación desde luego con las distancias físicas entre éste y los demás integrantes de la Colonia. A su vez, la frecuencia de contacto contribuye a generar vínculos y canales de lealtades y reciprocidad de suma importancia. En este apartado nos concentraremos en una rápida descripción de la ubicación y frecuencia de contactos de los integrantes de la colonia con Jarrín a partir de la reconstrucción de una red egocentrada en torno suyo, para dedicarnos en el apartado 3.2 a analizar los contenidos de los intercambios y las ventajas que representaba para la población indígena contar con una red ampliada de vinculaciones a través del maestro.

Respecto de sus lazos con la población indígena, las anotaciones del diario muestran que quienes tenían un contacto más frecuente con el maestro, podría decirse que diario, eran Santos Morales y su hijo Dionisio Morales (y de hecho Jarrín podía ver desde su casa, cuando Dionisio recibía visitas, que detalló en su diario), mientras que Clara y Trinidad, las mujeres de Sebastián y Dionisio Morales respectivamente, visitaban diariamente a Matilde, la esposa de Jarrín, quienes vivían en el mismo lote en que estaba asentada la escuela, como indica el croquis N°2.

Con menor frecuencia, pero con una asiduidad de al menos 5 veces a la semana, los miembros de la familia de Nicanor Lima también concurrían a su casa: uno de sus hijos, Antonio Lima, fue por varios meses quien recogía y traía el correo hasta la oficina de correos más cercana desde la casa de Jarrín, en forma casi diaria; Alvarino Lima, otro de sus hijos, era muy buen amigo de Dionisio Morales y a menudo lo visitaba dada su cercanía, así como en una ocasión concurría diariamente por un largo tiempo para curarse una herida en la casa del maestro. Tránsito Lima, además, una de las hijas de Nicanor, visitaba casi diariamente a Matilde. Cuando en julio de 1914 Antonio Lima fue reemplazado por Apolinario Fernandez (‘Polico’) en las diligencias de llevar y traer correo, el contacto de Jarrín se tornó más frecuente con éste.

Con otros integrantes de la Colonia el trato era menos frecuente, aunque cordial en todos los casos. Los indígenas mejor posicionados en la zona (tanto en su capital económico como relacional) procuraron vincularse al maestro y enviaban a sus hijos a la escuela, aunque se encontraran en ubicaciones más distantes, en ocasiones dejándolos en la casa del propio Jarrín: Gregorio Yancamill (a quien Jarrín vio apenas 10 veces en dos años según sus registros), dejaba sin embargo a su hija María en la casa de éste, mientras que Luis Baigorrita (con quien tiene sólo un par de encuentros en dos años), dejó a uno de sus hijos en casa de Santos Morales para que pudiera acudir a la escuela diariamente. No obstante, José Melideo, yerno de Yancamill pasaba por la casa de Jarrín en forma frecuente trayendo obsequios o noticias de estos vecinos del sureste de la Colonia. A su vez, Bonifacio Rosas (quien sería padre de uno de los principales líderes en las movilizaciones de los años 1970 en la Colonia, Alfredo Rosas), aunque vio una sola vez a Jarrín en dos años, dejó a uno de sus hijos en la casa de su hermana, Adela Rosas, esposa de José Fraga, para que fuera a la escuela.
A su vez, Jarrín operaba como un nodo crucial en las relaciones con autoridades y población no indígena de la colonia: tenía contacto frecuente con el Juez de Paz Natalio Cassalla, a quien –ubicado en el sureste de la Colonia- visitó solamente dos veces en dos años, pero quien le enviaba personas para ser fotografiadas para los trámites de enrolamiento, y éste le agradecía enviándole obsequios esporádicamente. A través tanto de Jacobo von Vanvren (un holandés que manejaba los carros que llevaban y traían mercaderías del comercio del propio Cassalla) como de Juan Carlos Liefeldt (farmacéutico) o Alberto Di Liscia, todos amigos en común, las noticias entre el Juez de Paz y Jarrín fluían casi en forma diaria. Por otro lado, en el extremo noreste de la Colonia se encontraba la casa de comercio La Española, cuyos propietarios, Castilla y Arias (así como Mujica y Covian, de la casa La Esperanza) contribuían con fondos para la escuela en ocasiones especiales, como la fiesta del 25 de Mayo. A su vez, en el lote donde se encontraba La Española se ubicaban la Oficina de Correos y Telégrafos, y la Subcomisaría, de manera que a través de distintos intermediarios (los indígenas Antonio Lima o Apolinario Fernández en distintas épocas), el contacto con este nodo era prácticamente diario.

3.2. Contenidos de los contactos

Los vínculos entre los integrantes de una red pueden analizarse no sólo desde el punto de vista de la frecuencia de los contactos, sino, lo que es más importante, a través de los contenidos de los intercambios que colaboran en el afianzamiento de las relaciones. Por ello, en este apartado nos referiremos a la forma que adquirían las vinculaciones, para pasar a reflexionar, en el apartado 4, acerca de la importancia que la construcción de estas redes representaba para la población indígena de la colonia.

Los intercambios de bienes y favores entre los indígenas y el maestro se repetían casi diariamente. La proximidad de Santos Morales y de toda su familia con Jarrín es la que más claramente aparece en su cuaderno diario: no existía día sin que alguno de los tres cabezas de familia de los Morales (“Don Santos”, o algunos de sus hijos “Don Sebastián” o “Dionisio”) no le enviaran o mandaran a pedir algo. Los intercambios más frecuentes –según distintas épocas eran de provisiones de consumo frecuente, comúnmente alimentos (sandías, melones, huevos de gallina para incubadora, harina, panes, azúcar, ajos, cebollas, galleta entre otros) o tabaco y papel de fumar. A estos intercambios se sumaban regalos en ocasiones especiales: carnes de distinto tipo (cuando se carneaba, se tenía una buena cacería, o se señalaban las majadas de alguno de los pobladores), casales de gallinas y pavos, corderos en pie, tortas, manteca, cigarrillos, y cada vez que podía, Jarrín obsequiaba libros tanto a sus alumnos como a Dionisio Morales. Cuando alguno de los pobladores viajaba a distancias considerables solía traer bebidas alcohólicas o tabaco para obsequiar, y entre mujeres se regalaban cunas y/o colchones ante los nacimientos que tenían lugar.

Además de los regalos e intercambios, los préstamos eran frecuentes entre Jarrín y los habitantes indígenas de la colonia. El de dinero era el menos habitual y prácticamente no hay referencias a que se haya dado este tipo de intercambio, pero sí de mercaderías como las descriptas arriba, así como de otros préstamos más ocasionales como de herramientas, kerosene para calefacción, ó barras de jabón. En oportunidad de viajar, los caballos se reponían en varias paradas y luego se devolvían a sus dueños.

Asimismo, es necesario analizar las actividades a través de las cuales se reforzaban los vínculos: las visitas –largas, silenciosas, con mate o té, según las descripciones de Jarrín 19– eran la actividad más frecuente. Para disgusto del maestro, normalmente se quedaban a cenar o almorzar, y raramente pasaban días sin que hubieran este tipo de visitas, reuniéndose en ocasiones dos, tres o más personas al mismo tiempo, pues a las de rutina de los pobladores más cercanos se agregaban las de todos los que pasaban en viaje que paraban a descansar (en forma casi diaria). Además de las visitas, los viajes en conjunto reforzaban las amistades, así como las prácticas de tiro al blanco (en la casa de Dionisio por lo general ya sea con Jarrín o con sus propias visitas), y en los espacios de sociabilidad informal más habituales de la colonia: esquilas y señaladas de majadas. En estas ocasiones, las reuniones duraban varios días y cada casa recibía una cantidad importante de visitantes.
Además de estas actividades, Jarrín recibía visitas frecuentes por dos motivos cruciales para los indígenas ranquelinos: la solución de problemas médicos y legales o burocráticos.

El maestro llevaba consigo un Diccionario de Medicina y un surtido botiquín que usaba en casos de emergencias tanto en su propia familia como en quien lo requiriera en las inmediaciones, entre ellos los alumnos de la escuela. Así fue como intervenía cada vez que lo llamaban por malestares, quemaduras, infecciones, y efectos de exceso de alcohol, en general con relativo éxito a pesar de la precariedad de los medios. Esta función se extendía en ocasiones a las curaciones de animales como caprinos y vacunos ante la consulta de Santos Morales.

Por otra parte, Jarrín contribuía a la resolución de varios problemas burocráticos, legales y de comunicación a través de la escritura. Solía explicar todas las notificaciones que llegaban relativas a trámites por tenencia de las tierras, y redactaba las cartas de respuesta a los funcionarios, de muchas de las cuales dejaba copia en su cuaderno diario (como en el caso de Celestino Romero 12/01/1914 o de Gregorio Yancamil 11/02/1914). Asimismo, escribía cartas de porte de lana para los esquiladores que la enviaban a los acopiadores, cartas a los hijos que estaban prestando servicio militar a grandes distancias (como en el caso de Nicanor Lima, a quien le escribía cartas quincenalmente), y pedidos a casas comerciales de Victorica y Buenos Aires. De hecho algunos pobladores como Dionisio Morales recibían –por suscripciones que le gestionaba el propio Jarrín– diarios y revistas de Buenos Aires (como La Prensa o Fray Mocho) y a través de las publicidades se enteraban de ofertas que encargaban posteriormente. Luis Canuhé, por ejemplo, mandó a pedir un anillo para su esposa a la joyería Escasany, y doña Clara, la esposa de Sebastián Morales hacía frecuentes pedidos a Gath & Chaves, ambas famosas casas comerciales de Buenos Aires a principios del siglo XX.

Otras acciones más esporádicas por parte de Jarrín eran bien vistas por los indígenas: en febrero de 1914 Santos Morales le avisó unos días antes que Gregorio Yancamil estaría de paso por la zona y fue a visitarlo. En esa ocasión, Jarrín tomó prolija nota de su relato del combate de Cochicó 20, sobre el cual aquél tenía una versión que difería de la oficial, y poco tiempo después el maestro envía una nota al diario de Victorica, donde publicaron el extenso relato, transcripto en su cuaderno. Es que Jarrín era colaborador habitual de publicaciones como El Heraldo (Victorica), Nuevos Rumbos (General Pico) y La Verdad (Victorica) v21

, espacios de prensa a los que la población indígena no tenía acceso a menos que fuera a través de un intermediario como éste.

4. Por qué Jarrín se convirtió en un nodo esencial?

En las vinculaciones analizadas, Jarrín jugaba un importante papel de bisagra entre los intereses de la población indígena (con la que tenía contacto diario) y de las instituciones estatales (con las que su contacto era más esporádico). Así es como no perdía ocasión de aconsejar a los indígenas a favor de cumplir con las tareas impuestas por autoridades nacionales 22. Entre sus propias tareas, la función de generar adscripciones nacionales era una de las principales encomendadas a todos los agentes educativos: la fiesta –uno de los recursos más antiguos usados en este sentido 23– jugará un papel fundamental. Llegada la época de las fechas patrias, comenzaba la organización de los festejos que en el caso de los de 1914 duraron prácticamente una semana. Aún en una fecha tardía como 1980, cuando un entrevistador le preguntaba a un poblador de Emilio Mitre sobre si había carreras de caballos y actividades similares, lo primero que recordaba Francisco Páez era:

Eso había, los 9 de Julio, 25 de Mayo se usaba, las carreras, carrera de sortija, también, porque los hacían hacer. También ahí, mi maestro [se refiere a Manuel Jarrín] les hacía plantar los palos y les decía ‘hay que hacerle fiesta a la patria’. Y entonces había que hacerle, porque se le hacía mucho caso al señor Jarrín. Don Manuel era muy querido, era un hombre muy bueno, y enseñaba muy bien (Testimonio de Francisco Páez, Fondo Testimonios, cd 14, Archivo Histórico Provincial).

Ahora bien, la presencia de una escuela, y de Jarrín en particular en la Colonia, fue aprovechada por los pobladores de Emilio Mitre, y he aquí uno de los motivos por los que el maestro se convirtió rápidamente en un nodo articulador entre los ranqueles y la sociedad hegemónica. Es que al tiempo que aquél desplegaba distinto tipo de estrategias de integración, tendientes fundamentalmente a generar adscripciones nacionales y hábitos de trabajo para la sociedad nacional en formación en esos territorios, los indígenas aprovechaban la presencia de éstos para sus propias estrategias, y en particular para las de conservación de tierras y mejoramiento de sus condiciones de vida en la colonia.

Los ex alumnos recuerdan que la instrucción básica recibida por esos años les permitió a varios conseguir empleos posteriormente y adquirir conocimientos de oficios. Las tareas educativas parecen haber sido bastante amplias: a principios de la década de 1980, un poblador de Mitre nacido en 1904, Francisco Páez, recordaba con claridad que “ahí les enseñaban a trabajar, a leer, a escribir, sacar cuentas, y ahí no se pasaba minuto sin trabajar./…/ y yo se lo agradezco mientras que viva, porque ese hombre… ese hombre no tendría que haber muerto nunca” (Testimonio de Francisco Páez, Fondo Testimonios, cd 14, Archivo Histórico Provincial). Esta formación básica que permitía acceder a mejores empleos al menos a algunos miembros de la familia, era sumamente importante para los ranqueles de la Colonia 24. Recordemos los lotes asignados en Emilio Mitre, de 625 hectáreas, no podían ser subdivididos, ni bastaban para obtener recursos para familias demasiado numerosas. Frente a esta situación, una de las modalidades más frecuentes utilizadas para conservar la tierra indivisa fue la de expulsar a miembros de la familia en búsqueda de trabajos extraprediales, para lo cual una formación elemental aseguraba mejores posibilidades de inserción laboral. Asimismo, quizás de la misma manera que los ‘renegados’ que sabían leer y escribir en las épocas de autonomía leían los diarios en las principales tolderías para enterarse de los planes de los sucesivos gobiernos de avanzar sobre sus tierras, la presencia en estos momentos de un maestro como Jarrín aseguraba contar con una persona letrada en posición de ayudarlos en los trámites burocráticos necesarios para asegurar la propiedad de la tierra. Otros servicios como el de asistencia médica (por precaria que fuera) en un contexto al que no llegaban médicos ni enfermeras, ni farmacias, tampoco eran desdeñables 25.

A su vez su vez, la vinculación con el maestro, en estrecho contacto con el Juez de Paz y otras autoridades facilitaba también el posicionamiento de los pobladores indígenas en caso de necesitar favores, y ampliaba el espectro de relaciones que estos establecían con la sociedad nacional. La delgada línea que separaba a un indígena de ser considerado por estas autoridades como “civilizado”/”civilizable” ó como “salvaje”/”irrecuperable” (y que implicaba a veces la escrituración de las tierras) era trazada en muchas ocasiones por la opinión de las autoridades locales y de sacerdotes. Conseguir permanente opinión favorable de estos, vía Jarrín, no era una cuestión menor. El maestro conocía perfectamente el discurso civilizatorio y traducía las cartas con los reclamos de los indígenas –en la construcción de ese middle ground o campo de negociación- a un lenguaje que las autoridades pudieran entender y aprobar 26.

“Hacerle fiesta a la patria”, como quería el maestro, no parecía un precio demasiado alto a pagar: en estos contextos, los ranqueles necesitaban crear y sostener campos de negociación que les permitieran enfrentar las nuevas condiciones de incorporación subordinada en la sociedad nacional con cierto éxito. Las redes tejidas por Jarrín, y a través suyo, parecen haber funcionado al menos entre 1914 y 1915 favorablemente a favor de los indígenas del norte del Territorio Nacional de La Pampa.

Notas

  1. Este trabajo tiene como antecedente la ponencia ‘Hacerle ‘fiesta a la patria’ y conservar la tierra: estrategias de indígenas y no indígenas en la colonia pastoril Emilio Mitre, Territorio Nacional de La Pampa (1900-1925)”, presentada en la VIII Reunión de Antropología del Mercosur Diversidad y Poder en América Latina”, Buenos Aires, 29 de septiembre al 2 de octubre de 2009. Agradezco a Claudia Briones los comentarios que me han permitido elaborar este segundo trabajo enriqueciendo la perspectiva planteada allí inicialmente.
  2. Instituto de Estudios Socio-Históricos de la Universidad Nacional de La Pampa-becaria  postdoctoral CONICET- e-mail: claudia_salomon_tarquini@hotmail.com
  3. Para un estudio de tipo general véase Mases 2002 y Quijada 1998, 1999, 2002 y 2004, y Briones 2004, respecto de la discusión en el ámbito del Congreso sobre la situación de los indígenas, Lenton 2005, sobre las políticas oficiales en Chile hacia los indígenas, Boccara & Seguel-Boccara 1999, Pinto Rodríguez 2001; para un análisis de la subalternización en Neuquén, Sanchez 2003, en Río Negro, Argeri 2005, y políticas de agentes eclesiásticos en Nordpatagonia Nicoletti 2008, en nordpatagonia, Briones & Delrio 2002, y Delrio 2005. Para el Chaco, donde se observan situaciones similares para el mismo período, Lagos 1998, y para el área de lo que es actualmente la provincia de La Pampa, Prins 1987, Villar 1993, Depetris & Cazenave 1998, Depetris & Vigne 2000, Lluch 2002, Depetris 2003. Sobre la invisibilización de indígenas en los recuentos censales y estadísticos, véase Otero 1998
  4. “The middle ground is the place in between: in between cultures, peoples, and in between empires and nonstate world of villages /.../ On the middle ground diverse peoples adjust their differences through what amounts to a process of creative, and often expedient, misunderstandings. People try to persuade others who are different from themselves by appealing to what they perceive to be the values and practices of those others. They often misinterpret and distort both the values and the practices of those they deal with, but from these misunderstandings arise new meaning and through them new practices - the shared meanings and practices of the middle ground" (White 1991:X)
  5. No nos referiremos aquí a esta discusión, ya clásica por otro lado. Véanse Mitchell 1969, Ginzburg & Poni 1979, Barth 1981, Ginzburg 1983, Scott 1991, Levi 1993, Lepetit 1995, Míguez 1995, Ramella 1995, Revel 1996, Rosental 1996, Grendi 1996, Gribaudi 1987, 1996 y 1998, y Tilly 1997.
  6. “Excmo. Señor: La Gobernación al informar en este pedido, se permite llamar la atención de V.E. sobre sus fundamentos y sobre el propósito que encarna. Se desprende de ellos que los indígenas que pertenecieran a la antigua tribu de Pichuen no se encuentran conformes con su estado dentro del medio civilizado en el que actualmente viven y pretenden reorganizarse bajo la dependencia del ex cacique Baigorrita. Conceder tierras para tal fin importaría retrogradar a la época el que cacicazgo sustraía una buena parte de la población indígena al contacto con la gente civilizada y la acción moralizadora de la autoridad. Permitírsele agruparse en la forma en que antes estuvieron y volver a la vida del aduar [sic] seria condenarlos a una perpetua barbarie. El aislamiento de su casta borraría inmediatamente las nociones de vida ordenada que han adquirido evitando las tendencias de sus espíritus salvajes. Las tribus no pueden, no deben existir dentro del orden nacional. Las que tubieron [sic] su asiento en este territorio se encuentran también dispersas diseminadas en los departamentos los individuos que las componian, alli viven felices, entregados a las faenas de campo amparados como los demas ciudadanos por las leyes protectoras de la Nacion y divorciados por completo de la autoridad de los caciques sus antiguos gefes. Los caciques, capitanejos y mocetones forman en los cuadros de la Guardia Nacional. /…/. Réstame decir á V.E. á este respecto que la práctica ha demostrado lo perjudicial que son á los vecindarios las agrupaciones de indígenas, tanto en lo que se relaciona á sus intereses, cuanto en lo que concierne a sus costumbres y moralidad” Expediente 1150/D, 1896, “Díaz Francisco s/tierra para su tribu”, fs.3/5, Fondo Tierras, Archivo Histórico Provincial.
  7. Nacido en España, Manuel Lorenzo Jarrín llegó a Argentina en 1880, a los 15 años. Sus dos primeros empleos (en Victorica y en Toay) fueron en casas de comercio, hasta que volvió a Victorica para emplearse como maestro, y luego de ello, a Simpson y más tarde a la Colonia Emilio Mitre. Combinaba sus actividades como maestro con publiaciones en el diario socialista Germinal, y en diarios de las principales localidades del Territorio (La Capital, de Santa Rosa, y El Heraldo, de Victorica), y contribuyó a la creación de la primer Asociación de Maestros del Territorio. Agradecemos a su familia –y en particular a Héctor Lorenzo Jarrín y a Clara Jarrín, nacida en Emilio Mitre- por el acceso a su documentación, cuidadosamente conservada y la información brindada.
  8. Ramón Cabral (“el Platero”). Nacido en 1830, era hijo del cacique Lorenzo Cabral y de una cristiana cautiva, proveniente de La Carlota. Los observadores externos se asombraron ante el desarrollo de su oficio como platero, y el hecho de disponer de amplios cultivos, numerosos corrales para la cría de vacunos, equinos y ovinos. Hermano del cacique Linconao Cabral, tenía sus tolderías ubicadas en Carrilobo (o Carri-loo), a 15 km al norte de Leubucó. Ya desde mediados de la década de 1870 venía recibiendo “invitaciones” a instalarse con los suyos en una reducción franciscana en Sarmiento (al sur de Córdoba), hasta que en 1877, finalmente aceptó instalarse en el Fuerte Sarmiento. Prontamente su grupo fue militarizado, y obligado a participar como parte del “Escuadrón Ranqueles” en contra de quienes habían quedado en Tierra Adentro. Luego de las campañas militares de 1879, se registra que muchos de los suyos que habían quedado tanto en Sarmiento, como en Villa Mercedes, así como los que se encontraban con Ramón para 1883 en inmediaciones de la laguna El Cuero (al sur de Córdoba), venían sufriendo hambre y enfermedades, y fueron trasladados en 1886 hacia “La Blanca” (en cercanías de Victorica), donde quedó el grueso del grupo. Otra parte -que incluía al viejo cacique- fue llevada a General Acha, lugar en el que Ramón murió el 1 de mayo 1890. Años más tarde, dos hijos y un sobrino suyo lograrían obtener tierras con la fundación de la colonia Emilio Mitre.
  9. El nombre indígena de Santos Morales era Katrenao y habría nacido hacia 1840, pues contaba con alrededor de 55 años al momento del Censo Nacional de 1895. Lenguaraz de Mariano Rosas (Panghitruz-Guor), fue uno de los principales líderes ranqueles en comenzar a reorganizar el grupo que finalizó nucleándose en Emilio Mitre. Se le asignó el lote 51, en el que permaneció, mientras que sus hijos, Sebastián Morales y Dionisio Morales (nacido hacia 1881 en la provincia de Córdoba y fallecido en 1947), a quienes se les habían asignado los lotes 110 y 109 respectivamente (muy alejados del 51) se asentaron con sus familias en lotes contiguos al de su padre (N°70 y 71).
  10. Nicanor Lima, nacido hacia 1840 según se indica en el duplicado de mensura (dato que coincide con los 45 años que declara en el censo de 1895), era "Hijo de un cautivo cristiano de Pergamino (Bs.As.) y de una mujer de la familia Cabral" (Depetris 2003:66). Obtuvo el lote 50 de la Colonia, contiguo al de Santos Morales, que logró escriturar hacia 1913.
  11. Zoilo Montiel, nacido hacia 1866 según el duplicado de mensura, y de 28 años aproximadamente al momento del censo de 1895, obtuvo el lote 41 en la serie de adjudicaciones tras la mensura, aunque no lo pobló sino que se asentó en el lote 22, al menos entre 1911 y 1926, con una de las cantidades más importantes de hacienda de toda la colonia (por ejemplo, 1.650 ovejas, 274 chivas y 27 yeguarizos en 1913).
  12. Luis (“Lucho”) Baigorrita había nacido hacia 1850 en Poitahue, y era hijo del cacique Pichuiñ y hermano de Manuel Baigorrita, quien había muerto en 1879. En esas campañas militares fue capturado y retenido con algunos integrantes de su grupo en la isla Martín García, hasta que se le otorgó la libertad en 1881. Tras alternar varios destinos entre Buenos Aires y en La Pampa, se asentó hacia mediados de la década de 1890 con parte de su familia en el lote 21, al sur del departamento Chalileo (La Pampa), donde falleció el 3 de febrero de 1933
  13. Expediente 643/1897 de la Gobernación de La Pampa Central, nota fechada en Buenos Aires, 21 junio 1897, Fondo Tierras, Archivo Histórico Provincial. La nota de la Dirección de Tierras y Colonias, fechada en ese lugar y fecha, se libró en el Expediente 1094/j/1897, del Departamento de Tierras, Colonias y Agricultura, para comunicarle al gobernador del territorio que “por decreto de 15 del actual el Superior Gobierno ha acordado permiso al Cacique Don Luis Baigorrita para que con su tribu ocupe el lote 13 fraccion D Seccion XIV de ese Territorio”.
  14. Bs. Aires, agosto 1° de 1898. Visto este expediente en el que el cacique Luis Baigorrita solicita para él y su tribu cambio de ubicación al lote 21, fraccion D, Seccion XIV que se le permitió ocupar por decreto de 15 de Junio de 1897. atento las razones invocadas, de acuerdo con los informes producidos y dictámen del Señor Procurador del Tesoro, el Presidente de la República decreta. Art.1°. concédase al cacique Luis Baigorrita y su tribu el permiso para ocupar el lote 21, fracción C, seccion XVIII, del Ttrio. de La Pampa, en lugar del lote que le fué acordado por decreto de 15 de Junio de 1897. Art. 2. Comuníquese…”, Expediente 1640/J/1898 de la Dirección de Tierras y Colonias, Fondo Tierras, Archivo Histórico Provincial.
  15. José Gregorio Yancamil (1849-1931) es más conocido como líder indígena por su participación en una batalla que tuvo lugar en 1882 entre fuerzas indígenas diezmadas contra tropas nacionales en el suroeste del Territorio Nacional de La Pampa años después de la finalización de las campañas militares de 1878-1879.
  16. José Fraga “era un poblador indígena que, junto a su familia, residía en lote 21, de la Sección XVIII- C, en el límite sur de la colonia Emilio Mitre, en el departamento de Chalileo. Su familia estaba compuesta por su esposa, Adela Rosas Huaquiner y sus seis hijos, tres varones y tres mujeres, todos ranqueles. Los misioneros salesianos en sus escritos sobre las recorridas por las pampas, lo mencionaban frecuentemente y lo reconocían como ‘diferente’ al resto de los indígenas del lugar. Uno de los aspectos por los que se destacaba Fraga era por sus posesiones materiales. Poseía una casa que en materiales no difería demasiado de la del resto de los pobladores, ya que las paredes eran de barro, el piso de tierra, y el techo era de zinc. Pero, pese a los materiales, su tamaño considerable y el hecho de que disponía de cocina y de tres habitaciones, diferenciaban notoriamente a esta vivienda del resto. El poblador poseía, además, dos corrales, con postes y alambre. /…/ Las importantes mejoras en lo relacionado a la provisión de agua tal vez guardaba relación con la importante cantidad de animales que poseía: 180 vacunos, 40 caballares, 12 caprinos y 700 ovinos eran propiedad de José Fraga.” (Abbona 2009)
  17. Informe de Inspección de Tierras, Emilio Mitre, 1911, Fondo Tierras, Arhivo Histórico Provincial.
  18. Según Ruez, un médico alemán que vivió algunos años en la colonia Los Puelches, Santos Morales fue convencido -en una edad bastante avanzada- por los salesianos de internarse en un asilo para pasar sus últimos años, aunque días antes de la partida pidió que no lo comunicaran a su gente ni al gobierno porque les iban a quitar todo, “¡Y tuvo razón, mucha razón! Un més despues se cerraba definitivamente la escuela, el telégrafo enmudeció y el correo descendió a la categoría de estafeta.” (Ruez 1929: 50-51). Si los datos de Ruez son ciertos, esto debió haber sucedido hacia principios de la década de 1920, pues ya para 1922 Santos Morales había partido de la Colonia, según referencias del Padre Inspector salesiano José Vespignani (Rodríguez & Minetto 2008: 149).
  19. “estas visitas no son como suelen ser las de los pueblos que todo lo saben, todo lo cuentan y hablan hasta por los codos, estas muy por el contrario, 3 o 4 palabras por hora y eso á fuerza de incitarle á ello, para obtener un si o u no, un tal ves, como no, eso es, [subrayados en el original] ó algo así por el estilo.” (anotación del 15/02/1914).
  20. En agosto de 1882, tropas nacionales y tropas indígenas –comandadas por Gregorio Yancamill- mantuvieron un combate en el que hubo bajas en ambas partes. Las campañas militares de 1878-1879 habían finalizado hacía tiempo pero este Combate de Cochicó elevó a los integrantes de las tropas nacionales a la categoría de ‘héroes’, demonizó a los indígenas, sirvió para justificar en la sociedad hegemónica una mayor presencia de instituciones estatales, y quedó en la memoria colectiva como ‘hecho fundante’ de la población de Victorica, situada a más de 300 km al norte del hecho. Sobre el re-entierro de los restos de Yancamill junto a los ‘héroes de Cochicó’ (en el año 2006) y la discusión sobre el reconocimiento de los derechos indígenas en La Pampa véase Mendoza 2007.
  21. Para mayores referencias sobre sus actividades como periodista e intelectual véase Lanzillotta 2009.
  22. “Ayer he tenido la visita de Dn Santos ha venido á consultarme respecto de una nota que había recibido del Pte. de la Comision del Censo, manifestaba sus deseos de no aceptar fundándose en la edad avanzada y en que desconoce lo que tendría que hacer y lo animé a aceptar, ofreciéndole que lo ayudaría á subsanar todos los inconvenientes que tuviera para el desempeño de la importante y patriótica misión para la que se le pedía colaboración, se fue animado y tengo la seguridad que contestará aceptando” (27/01/1914).
  23. Para principios del siglo XIX, Garavaglia ha resaltado el papel de las fiestas mayas en la construcción de una nación identitaria como “comunidad imaginada”, que “…debe extenderse en forma doblemente concéntrica: hacia los sectores socialmente dominados y hacia los espacios más recónditos del territorio cuyo mapa quiere expresar los límites soberanos de esa comunidad imaginada. Esta extensión doble…es la historia misma de la construcción imaginaria de la nación” (Garavaglia 2000: 91).
  24. Los padres en su mayoría reconocían esta importancia y buscaban los medios para enviar si no a todos, siquiera una buena parte de sus hijos a la escuela. Al menos en el año 1914, Jarrín no tuvo que recurrir a las autoridades para asegurar la asistencia o evitar la deserción de los niños. Ese año las clases comenzaron el 3 de marzo con 22 alumnos matriculados  y se le fueron sumando durante el mes hasta duplicar la cantidad (el 13 de abril eran 42). Como señalamos previamente, los padres de los lotes más alejados -aprovechando relaciones de amistad o parentesco previas- dejaban dejar a sus hijos en las casas de los residentes en las chacras más cercanas para que pudieran asistir a la escuela en forma diaria, normalmente las casas de Santos Morales y del propio Jarrín. La escuela se convertía así en una instancia que permitía reforzar las relaciones entre los habitantes de la colonia a través del intercambio frecuente de noticias y visitas.
  25. Recordemos que las condiciones de accesos a los recursos naturales para las prácticas curativas conocidas se habían modificado profundamente. Las tierras asignadas estaban lejos de los montes del Mamüll Mapu, y el hecho de que tuvieran que convocar a una machi que vivía a 400 km una vez al año seguramente indica que no vivían en las cercanías muchas personas adultas con este tipo de conocimientos.
  26. En una carta de Gregorio Yancamill que escribe Jarrín a pedido suyo para reclamar por el lote 104, le hace decir: “Al Sr Director de Tierras y Colonias. Buenos Ayres. Informado, Señor, de la buena acojida que han tenido por Ud las solicitudes que basadas en la justicia y al derecho, elevaron a Ud. mis paisanos que como yo hace muchos años poblamos de acuerdo con la Ley varios lotes de esta Colonia Nacional General Emilio Mitre, después de haber hecho en varias epocas gestiones sin resultado por conseguir la propiedad á que tengo derecho, me dirijo á Ud en la seguridad que ha de hacer justicia y tendré la satisfacción de legar á mis hijos para que con honradez lo sigan trabajando un pedazo de aquella tierra que su padre cruzó en todas direcciones cuando sin patria y sin hogar vagabamos por el desierto hasta que la civilización arrancandonos por la fuerza de la barbarie que nos esclavizaba, nos hizo gosar de la felicidad de un hogar tranquilo, de la dicha de tener patria y del placer del trabajo honrado que tantos bienes proporciona” (anotación del 11/02/1914, mis resaltados).


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Croquis 1: Red egocentrada parcial de Manuel Lorenzo Jarrín (1914-1915, Emilio Mitre)

gráfico 1

Referencias:
La imagen muestra las redes de relaciones centradas en Manuel Lorenzo Jarrín (recuadro verde), un nodo clave en la Colonia a la que se vinculan en forma frecuente mucha de la población indígena (líneas delgadas) y en forma menos frecuente (líneas azules) no solamente pobladores indígenas (recuadros amarillos para los cabezas de familia) sino también comerciantes y autoridades de la colonia (recuadros rojos), y comerciantes, autoridades, y editores de periódicos y revistas no sólo de Victorica sino de General Pico y Buenos Aires (recuadros celestes).


Croquis 2: Ubicación relativa de los lotes mencionados en el trabajo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Zoilo Montiel

 

La Española
(Castilla & Arias) Of.Correo
Subcomisaria

Celestino Romero

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Santiago Cayupan

 

 

Jose Reynoso

 

 

Pedro Bengolea

 

 

 

 

 

 

 

 

Francisco Páez

Nicanor Lima

Santos Morales
Manuel Jarrin
(Escuela)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Dionisio Morales

Sebastián Morales

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Jose Cicucha

 

 

 

Apolinario Fernandez

 

 

 

 

 

 

 

Lote de familia. Cassalla

Natalio Cassalla
(Juzgado de Paz)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Lote de familia Cassalla

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Lote de familia Cassalla

Lote de familia Cassalla

 

 

Referencias:
En la cuadrícula de los 128 lotes de la colonia (de 625 has cada uno) se marcan los ocupados por las principales personas mencionadas en el trabajo. Los demás lotes están baldíos, o bien ocupados por pobladores ranqueles con escaso contacto con el grupo de Santos Morales (como los Cabral-Carripilón), ubicados en los lotes del noroeste de la Colonia.


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